Miércoles.
Hoy hace cuatro semanas que le conocí.
Supongo que el cómo y el dónde no le interesarán a nadie, así
que no voy a perder el tiempo escribiéndolo. Pensándolo bien, tampoco sé quién
va a leer esto aparte de mí. Bueno, qué más da.
Nos conocimos hace ya cuatro semanas,
exactamente veintiocho días, y creo que se ha convertido en mi alma favorita en
la tierra. Por qué alma? Porque persona es una etiqueta demasiado estricta,
estoy convencida de que aunque hubiéramos sido lechugas, caracoles o polen me hubiera
enamorado igualmente. Porque sí, estoy enamorada. Bueno no estoy totalmente
segura, quiero decir, cómo se saben estas cosas? Creí haberlo estado en otras
ocasiones, dos por lo menos, y echando la vista atrás me doy cuenta de que no
estaba en lo cierto. Así que, cómo saber si esta vez lo estoy? Ojalá apareciera un letrero luminoso avisándome de.
Se llama Pascual, pero yo ya he decidido que
le llamaré Pe de aquí a que me muera. Creo que es amor porque en los últimos veintisiete
días y diez horas no he hecho nada más que pensar en cómo va a ser nuestra vida
ahora que por fin nos hemos encontrado. El otro día me escapé de clase y me fui
a verle. Vive solo porque sus padres le llenaban la cabeza de problemas y él
prefiere mantenerse al margen. Cuando me contó todo lo que había pasado en su
casa me dieron ganas de abrazarle fuerte, muy fuerte, como para devolverle los
abrazos que no he podido darle en todos estos años que he vivido sin conocerle.
Me miró a los ojos y sentí que lo entendía. Luego sonrió, como diciéndome que
todo estaba bien, pero las palabras todavía se le entrecortaban como si aun le quedara mucho
frío en su interior.
Por la tarde fuimos a dar una vuelta en coche
y nos sentamos a ver las estrellas en el capó. Yo no podía parar de reír
mientras él me hablaba de constelaciones y planetas y me repetía una y otra vez
que aunque no las viera “las estrellas nunca
dejan de estar ahí”.
Al volver a casa intenté tranquilizarme el
corazón para que papá y mamá no me oyeran entrar, pero era una misión
imposible. Me latía tan rápido que el sonido de cada latido debió oírse por
toda la escalera. Cuando por fin me tumbe en la cama, mi móvil desprendió una
leve luz y deseé con todo mí ser que fuera él. “Aunque podría, no quiero sin ti”.
Mi cerebro desconectó y mis pulmones continuaron respirando por puro acto
reflejo. Comprendí el significado de morir,
perder la cabeza y toda esa
palabrería que viene en los libros cuando hablan de enamorar-se.
Diario, ¡me he enamorado!
Por eso hoy, para arrojar un rayito de luz en este día tan gris que tenemos por aquí
y continuar con la iniciativa Cuéntame tu historia, que la tengo un poco olvidada, os traigo una página del diario secreto de Jota.
Espero que la disfrutéis J
Psss! No os olvidéis de pasar a ver a mis ahijadas si todavía no las conocéis!


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