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lunes, 2 de febrero de 2015

Cínicamente muertos,

"Tengo el corazón encogido y las manos frías, no sé si alguna vez has conocido esta sensación. Son las cuatro de la mañana y me acompaña un halo de incertidumbre porque no sé si todo está bien. Ya sabes que siempre he sido la que le da la vuelta a la realidad y la transforma en un remolino de palabras contradictorias. No sé, siempre he sido así. Lo sabías y aun así te quedaste. Respiras hondo y tu pecho se eleva llenando tus pulmones de aire. La expresión de tu cara cambia, me transmites cierta paz. Mi cerebro desecha rápidamente el sentimiento y escondo la cara entre mis rodillas. Son las cuatro de la mañana y algo dentro de mi se empeña en observarte, en memorizar cada centímetro de tu piel. La calma que me transmites se mezcla con la frustración que me produce no controlar la situación y se me revuelve el estomago. Estoy hecha de incertidumbre y caos, de olas que rompen en las rocas de un acantilado, de martes lluviosos, del frío que se cuela entre los huesos. Te giras y me miras con los ojos cerrados. Me encantan tus pestañas, la forma que tiene tu boca. El color de tus labios. Pero odio que llegaras y empezaras a besar mis cicatrices, que me dijeras que todo iba a ir bien. Odio que pararas la lluvia que me empapaba desde dentro y me sacaras de aquel agujero al que llamaba hogar. Ahora, a cuatrocientos kilómetros de todo lo que conozco, en esta habitación de hotel cutre, en esta cama fría y dura, creo que echo de menos los gritos de aquel que decía ser mi padre. Las noches sin dormir, los gritos al otro lado de la pared. La incertidumbre de no saber si esa sería mi ultima noche, la angustia que se adueñaba de cada centímetro de mi piel. Me siento hielo, y temo que si te acercas demasiado acabe cortándote a ti también. O que me derritas, y no pueda hacer nada y finalmente acabe convirtiéndome en agua. De repente te despiertas, me buscas entre la noche y me abrazas. Deshaces mis nudos. Me paras el corazón. Mandas a dormir a mis demonios, y yo te dejo hacer. Me siento en casa."


domingo, 15 de junio de 2014

Oniria encuentra a Insomnia y los dos, conectan bien.


Una vez, conocí una chica. 
Estaba hecha de extremos. De mañanas de invierno que te calientan la piel y tardes de agosto que te hielan los huesos. Era lluvia. Como diciembre en julio. 
Nunca miraba atrás. Nunca se preguntaba por qué.


Con ella descubrí la primavera. Me volví adicto a sus besos y al placer de verla amanecer antes de dormir.

Se convirtió en mi mundo, pero también en mi perdición. Sus días eran mis noches.
Sus sueños, mis ambiciones. 
Un día, sus demonios decidieron volver y no tardaron en aparecer las nubes, y las hojas volvieron a decorar las calles. Abril dio paso a noviembre y me desgarró la piel. Sus días se convirtieron en noches, cada vez más oscuras, cada vez más amargas. Noches de insomnio. Noches solitarias, ausentes. Aquello era demasiado denso, demasiado oscuro, demasiado amargo. Acabó consumiéndome. 


Por eso ahora, estoy aquí, contigo. Poniendo las cartas sobre la mesa: podemos estar juntos, salir a cenar, tomar un helado, pasarlo bien. Pero no puedes pedirme que te quiera, ni que me convierta en tu mundo, porque eso, cariño, se lo quedó ella.




sábado, 14 de mayo de 2011

Otra calada.



De verdad habia sido perfecto?
Aquella idea le rondaba la cabeza desde hacia varias noches. Aquella noche, cuando no pudo dormir, su recuerdo se lleno de momentos felices. Encendió un cigarro, se tapo un poco mas con la manta y giro la cabeza hacia la ventana. Habia aprendido a dibujar circulos con el humo, y los expulsaba uno tras de otro, y luego los seguía con la mirada hasta que al final, desaparecían.
El tabaco se habia convertido en su unica via de escape. Se sentia angustiada, vencida, aquello le venia grande. Ella tan pequeña, tan fragil..
Otra calada.
Tenía la música bajito, de fondo, para no sentirse tan sola, y ahora, como echo a propósito sonaba esa canción, su canción. Sintió un nudo en la garganta y hundio la cabeza entre las manos. No. No iba a llorar.
Otra calada. Otra. Y otra más.
La angustia se le consumía como aquel Lucky que tenia entre los dedos.
"Estúpido" Y ella mas. Busco otra calada, pero aquel cigarro había llegado a su fin,y como todo, había sido demasiado rápido.
Aquella historia, su historia, también había sido así. Amarga al principio, saboreando los momentos que, como el humo, acabaron desapareciendo. Mitad del cigarro. Cuando con la pasión en cada poro, hambrientos, se comieron a besos por las esquinas, cuando se quisieron tanto, en los baños de aquel bar. Y entonces, la ultima parte. Cuando ya no supieron como cogerlo, y los problemas y las discusiones siempre estaban ahí.
Fin. Cuando llegaron al filtro. Cuando ya nada tuvo arreglo. Cuando solo quedo, tirarlo, apagarlo.
Se acabo el cigarro. Se acabo el amor.